El umbral no hace el trabajo por nosotros
Hay símbolos que se vuelven familiares antes de haber sido comprendidos. Se los ve, se los nombra, se los reconoce, y aun así pueden permanecer intactos, como si nunca hubieran tocado la vida de quien los contempla. Las columnas J y B pertenecen a esa clase de símbolos. Su presencia no pretende impresionar ni ofrecer una respuesta rápida. Más bien obligan a detenerse ante una pregunta sencilla y difícil: ¿qué significa cruzar un umbral de verdad? No todo paso produce cambio. A veces una persona atraviesa una puerta y solo cambia de lugar. Otras veces, el mismo gesto la obliga a mirar de otro modo. La diferencia no está en la puerta ni en las columnas, sino en la disposición interior de quien cruza.
Cruzar no siempre es entrar
La Masonería utiliza símbolos, pero no debería reducirlos a objetos de identidad externa. Las columnas pueden estar presentes en el templo, formar parte del lenguaje masónico y ocupar un lugar visible en la tradición. Sin embargo, nada de eso garantiza comprensión. El riesgo aparece cuando los masones conservan el símbolo, pero dejan de pensar con él. Entonces la columna puede convertirse en paisaje, la palabra en costumbre y la explicación en una forma cómoda de no preguntarse demasiado. Un símbolo no vale por la cantidad de veces que se repite, sino por la capacidad que tiene de devolvernos una pregunta que aún no hemos terminado de responder. En ese sentido, el umbral no es una decoración. Es una exigencia silenciosa.
El símbolo como exigencia de conciencia
Cruzar un umbral simbólico no vuelve a nadie mejor que los demás. Esa sería una lectura arrogante y pobre. Lo que cambia, si cambia algo, es la responsabilidad ante lo recibido. Quien ha pasado por una experiencia significativa ya no puede fingir que todo sigue igual. Puede hacerlo, desde luego, pero entonces el símbolo queda reducido a una formalidad. Las columnas recuerdan que la firmeza no consiste en aparentar dureza, ni la pertenencia equivale a transformación. Una persona puede conocer nombres, formas y explicaciones, y aun así no preguntarse qué hacen esos símbolos con su manera de vivir. Por eso la cuestión no es si alguien pasó entre columnas, sino qué parte de sí mismo estuvo dispuesto a revisar al hacerlo.
Escuchar el episodio completo
Esta reflexión acompaña el episodio Las Columnas J y B, de Develando el Código Masónico, donde se aborda su sentido simbólico como umbral, referencia y frontera entre una forma de estar en el mundo y otra manera de mirarlo. El episodio no busca agotar el símbolo ni convertirlo en una explicación cerrada. Propone, más bien, una lectura prudente: las columnas no entregan respuestas automáticas, pero pueden ayudar a pensar qué fundamentos sostienen nuestra conducta, qué dejamos atrás al cruzar ciertos límites y qué responsabilidad comienza cuando un paso deja de ser solo movimiento y se convierte en conciencia.